El Don de Volar

Algunas personas trascienden el mero hecho de volar, o de pilotar un avión, o de construir una aeronave con sus manos, o incluso de la técnica del diseño.
Parece como si todo ello lo hicieran con otra perspectiva, desde otro plano. Y nos da la sensación de que lo hacen sin dificultad, con pleno dominio, con gracia, vivendolo como algo natural en ellos.
No buscan el sustento, ni la fama, ni significarse. Es una necesidad que sale de dentro y disfrutan compartiéndola.
Quien sabe si en alguna de sus vidas anteriores han sido un pájaro y aun quedan dentro de ellos esas vivencias, esa visión del mundo desde arriba, ese ansia de libertad.
Nos parece que toda su vida ha estado relacionada con el vuelo, aprovechando cada oportunidad para llevar a la realidad su sueño de volar.
Han utilizado lo que les ha sido posible, el aeromodelismo, el parapente, el ala delta, el ultraligero, la avioneta, el velero, el globo, etc, etc... La imaginación en último caso.
Pero no es el simple practicante, ni el mercader de turno, apreciamos en él otra calidad, el estar ajeno a la tierra.
Sé que si no hubiera medio de volar, esa necesidad interna lo impulsaría a inventarlo.
A este ser humano lo conocí en El Principito y en Juan Salvador Gaviota, pero también me lo he encontrado en los campos de aviación.
Richard Bach lo describe en su libro "El Don de Volar".
Por eso propuse esta denominación para esta distinción que se entrego por primera vez en la Reunión Nacional del año 1999

Joaquín Guerra.
 
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Luis Arenas Martínez

 


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